Jerí, un tipo al que se le pedía ser decente únicamente durante los nueve meses de su brevísimo mandato interino, no fue capaz de cumplir ni siquiera un encargo tan elemental.
Dando rienda suelta a una personalidad en que la ética no parece destacar, no se cansó de perpetrar acciones más que sospechosas y conductas personales que delinean una personalidad frívola, mitómana y bastante descarada, de la cual ya había antecedentes.
Así las cosas, el dilema era: mantener en el poder a ese impresentable para no propiciar más incertidumbre de la que ya tenemos, o expectorarlo cuando ya faltaba poquísimo para la elección presidencial. Cualquiera de las dos opciones era casi absurda. Finalmente acaba de ocurrir la segunda.
No hay mucho que discutir sobre lo decidido con un sujeto que se afanó en enlodar la investidura. Solo hay que lamentar lo que en el campo político le está ocurriendo a nuestro país.
Foto: Presidencia





No hay comentarios:
Publicar un comentario