Hace cuatro meses nos referimos (ver
aquí) al plan que Proinversión estaba comenzando a elaborar para el desarrollo inmobiliario, turístico y comercial de la isla de San Lorenzo.
Ahora lo volvemos a hacer, a la luz de los nuevos detalles que la agencia estatal ha dado a conocer, luego de haber finalizado el estudio de prefactibilidad. También lo hacemos teniendo en cuenta que el gobierno lo ha declarado prioritario, lo que eleva la probabilidad de que sea ejecutado.
Como vimos, el proyecto busca explotar para los fines mencionados en el primer párrafo el lado de la isla que mira hacia el Callao. En esa franja de siete kilómetros de largo se planea ejecutar un gran proyecto urbanístico, aprovechando la existencia de un terreno poco escarpado y agradables playas de arena junto a un mar tranquilo y limpio. Es decir, se busca aprovechar un espacio favorecido con un entorno natural bello y exótico, ubicado a escasa distancia de la capital del país.
La isla tiene un total de 1,457 hectáreas. El plan contempla aprovechar para habilitación urbana 412 de ellas. El resto prácticamente no sería utilizado, pues 926 hectáreas (situadas en la zona central y el lado oeste) se mantendrían como reserva natural, en tanto que las restantes 119 (situadas en la cabecera norte) permanecerían como reserva naval, albergando a la base de la marina de guerra.
La idea es que la gente adquiera propiedades en la isla de manera permanente, y no sólo para fines de veraneo. Así, esas 412 hectáreas se convertirían en una prolongación de la ciudad, con unas 40 mil personas viviendo allí. Para ello, contarían con todas las comodidades propias de una zona residencial: buenas vías de comunicación, todos los servicios (agua, desagüe, electricidad, teléfono, cable, internet), centros educativos, centros de abastecimiento de alimentos, lugares de recreación, seguridad, etc. Es decir, toda una adecuada infraestructura urbana. Además, habría una comunicación fluida con las ciudades del Callao y Lima, donde se hallan los centros de trabajo y de estudio.
Las imágenes adjuntas corresponden al diseño del conocido arquitecto y urbanista Augusto Ortiz de Zevallos. Como se observa en el primer esquema, la gran franja de siete kilómetros estaría dividida en tres franjas, separadas entre sí por alamedas o avenidas.
La denominada franja de playa (coloreada de amarillo) sería de densidad baja, pues allí habría de 80 a 160 metros cuadrados por habitante. Allí también se construiría unas seis parejas de torres, cada una de ellas con entre 20 y 60 departamentos.
Ascendiendo, y luego de pasar la primera alameda (alameda baja) estaría la denominada franja de ladera (de color naranja claro), con una densidad media baja (de 45 a 80 m2 por habitante).
Más arriba, luego de trasponer la segunda alameda (alameda alta) estaría la franja de colina (naranja intenso), con una densidad media alta (de 22 a 50 m2 por habitante).
El conjunto urbano estaría organizado mediante condominios, cada uno de los cuales comprendería, transversalmente, zonas de playa, ladera y colina. Serían 13 condominios, cuyas áreas irían desde 8.5 hasta 20 hectáreas.
La zona central, la más densamente poblada, sería el núcleo de la miniciudad insular. Se prevé que allí hayan bloques multifamiliares, hoteles, restaurantes, dependencias municipales y públicas, agencias bancarias, oficinas privadas, centros comerciales, discotecas, casinos, colegios, centros de salud, comisaría, etc.
Además, desde allí partiría el puente de interconexión con el Callao del cual trataremos luego.
Ciertamente, no faltaría el verdor en la isla, pues a lo largo de todo el espacio a urbanizar habría un gran número de parques.
De otra parte, en la zona ecológica del lado oeste se prevé la construcción de un gran acuario de 50 hectáreas, al que se accedería a través de un camino que partiría de la zona central. También se evalúa la construcción, en dicha ruta, de un museo de sitio, así como la creación de un bosque. Asimismo, se estudia la creación de un gran parque ecológico, con un teleférico que conduciría hasta un mirador de la fauna isleña.
Como podemos ver, hay una gran cantidad de ideas acerca de lo que se podría hacer en San Lorenzo. Inclusive, considerando que con el proyecto se estaría exponiendo a la isla ante los ojos del mundo, se sugiere construir allí un gran centro de convenciones o un teatro de última generación y de categoría internacional, no sólo por su capacidad, sino también por su diseño arquitectónico.
En cuanto a la infraestructura de transportes en la isla, existirían dos tipos de vías: las principales y las secundarias.
Las primeras tendrían un ancho total de 30 metros, y estarían conformadas por dos calzadas de 6 metros de ancho cada una, así como por veredas, bermas y una ciclovía central.
Las secundarias, por su parte, tendrían un ancho de 16 metros, con dos calzadas de 3 metros cada una, así como veredas y bermas.
A lo largo de todo este sistema vial habría una gran cantidad de óvalos a nivel, que serían el punto de intersección de la alameda baja con la alta.
Más abajo, en todo el extenso borde costero, existiría un bello malecón peatonal.
Por otro lado, dado que (como acabamos de ver) la parte central de la isla sería la de mayor densidad poblacional, y, por ende, la de mayor carga vehicular, allí se construiría un paso a desnivel, que sería el único de la isla. Desde esta zona partiría una pista que conduciría hasta el otro lado de la isla. Y también desde allí partiría, como ya dijmos, la obra sin la cual el proyecto no sería viable: el gran puente.
El Puente
El puente entre San Lorenzo y el Callao tendría un largo de 7.4 kilómetros, por lo que, de ser construido, se convertiría, sin rivales a la vista, en el más extenso del país. Según Proinversión, debería tener un mínimo de cuatro carriles (dos en cada sentido), pues por allí circularían unos 8 mil vehículos en las horas punta. Asimismo, requeriría tener una altura tal que permita el paso de los buques de nuestra marina de guerra.
Esta colosal obra no llegaría al pequeño distrito de La Punta (pues haría colapsar su diminuta infraestructura vial), sino más bien al de Chucuito, a la altura de los rompeolas que se observa en la siguiente imagen, a escasa distancia del lado sur del Real Felipe, desde donde se podría interconectar, a través de la carretera a ser construida en el borde costero, con Miraflores y las zonas sur y centro de la ciudad.
Dado que este inmenso puente se convertiría, sin ninguna duda, en uno de los principales íconos de la ciudad, Proinversión planea dar a los inversionistas que postulen a su construcción y concesión libertad para su diseño estético-estructural. De esa manera habrá una interesante competencia en ese aspecto.
El plan apunta a concesionar el proyecto inmobiliario por un período de 99 años. El puente, por su parte, sería concesionado por un período de años aún no determinado. La inversión total requerida para ambas obras superaría los US$ 800 millones. Para el mantenimiento del puente (que costaría cerca de US$ 200 millones) se establecería el cobro de un peaje.
El aprovisionamiento de electricidad, que quedaría a criterio y conveniencia del inversionista, podría efectuarse a través de una central térmica a gas o de una línea de transmisión proveniente del sistema interconectado nacional, o inclusive de fuente eólica o solar.
El abastecimiento de agua potable, por su parte, sería a través de la desalinización del agua del mar, modalidad tecnológica y económicamente viable. Las aguas residuales serían procesadas en plantas de tratamiento, quedando aptas para ser empleadas en proyectos de irrigación en la isla.
Sin duda, este interesantísimo proyecto está madurando, y cada vez luce mejor. Con los múltiples atractivos mencionados (el gran acuario, el museo de sitio, los centros de diversión, el centro de convenciones, los hoteles, el parque ecológico, el probable gran teatro), a los que se debe añadir el hecho de que el acceso a las playas será totalmente libre, no sólo parecería estar asegurada la rentabilidad del enorme puente, sino de toda esta monumental obra. Es que no en todas partes se tiene la oportunidad de gozar, a sólo minutos de distancia, de un escenario tan bello y tan cercano a la naturaleza como el que ofrece una isla.