lunes, 29 de marzo de 2010

Que el Tren Corra, pero No Tanto

Si bien todos los limeños deseamos que el Metro o Tren Eléctrico opere lo más pronto posible, no queremos que para ello se sacrifique la calidad de su construcción.

La estación postergada (Imágenes: Consorcio Tren Eléctrico)

Una señal -pésima señal- de esto último es la increíble aceptación, por parte del Ministro de Transportes y Comunicaciones, de que una de las estaciones del distrito de San Borja, la situada en el cruce con la avenida San Borja Sur, no se construya por ahora. Bastó que un reducido grupo de vecinos hiciera un reclamo en tal sentido, con argumentos sumamente deleznables, para que el Ministro, con toda docilidad y sin ejercer mayor defensa de la obra, accediera y dejara sorprendidos a todos.
Como bien señaló ayer el diario El Comercio (ver aquí), parecería que lo único que le interesa al actual gobierno es concluir la obra antes de que culmine su mandato, para darse el gusto de inaugurarla. Con esa consigna, cualquier iniciativa que implique apurar los trabajos, o reducirlos, como en este caso, sería bienvenida. Aunque parezca mentira. La posibilidad de aceptar trenes de segunda mano también parecería apuntar en la misma dirección (teniendo en cuenta que toma menos tiempo repotenciar trenes usados que obtener material nuevo).
Pero resulta que la meta de la ciudad de Lima no necesariamente es tener el tren funcionando antes del 28 de julio del 2011. La meta de la capital es, ante todo, tener un buen Metro, que opere adecuadamente, de acuerdo a los planes y estudios (y no a caprichos y decisiones de último momento), y que se construya con la calma y serenidad necesarias, y no con precipitaciones que puedan conducir a accidentes (como el que hace unos días estuvo a punto de matar a varios trabajadores, al ladearse y estar a punto de caer una pesada columna) o a una obra de mala calidad.

Si eso implica que el Metro deba ser inaugurado en los primeros meses del siguiente gobierno, y no en el último del actual, habrá que aceptarlo así. En ese momento corresponderá, claro está, hacer el debido reconocimiento al presente régimen, altamente identificado con la obra. Lo que no corresponde es imponer a como dé lugar un cronograma apretado y cuestionable, que pueda poner en riesgo la calidad del trabajo. Que el tren llegue a su destino en el momento correcto, y que no se le fuerce a llegar antes.

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