domingo, 12 de enero de 2014

El Perú en el Ranking Latinoamericano: Inflación 2013

El año 2013 continuó siendo complicado para la mayoría de países del mundo en materia económica, pues el crecimiento, fuente de riqueza y bienestar, continuó siendo modesto. La positiva contrapartida de esto fue que la inflación, es decir la tasa de variación del índice de precios al consumidor, no recibió demasiadas presiones para subir, y más bien disminuyó levemente frente a su nivel promedio del 2012.

Es bueno que así haya ocurrido, teniendo en cuenta los corrosivos efectos del fenómeno en múltiples aspectos, por ejemplo, la capacidad adquisitiva de la población, los incentivos para ahorrar, la evolución de los costos internos, el planeamiento empresarial y la competitividad externa. Con su reducción, o por lo menos impidiendo que se eleve, se establece mejores condiciones para la inversión y el crecimiento.

En las economías latinoamericanas, salvo escasas excepciones, las tasas se mantuvieron en niveles promedio muy similares a los del año previo. Veamos, con información proveniente de los bancos centrales o institutos de estadística de los países de la región, cómo lidiaron éstos con tan fundamental indicador.

El cuadro adjunto nos permite ver que, al igual que el año 2012, El Salvador fue el país de menor inflación en la región. La pequeña nación centroamericana registró un dato de apenas 0.8%. Lamentablemente, esta situación viene ocurriendo de la mano de una escasa tasa de crecimiento, que frena una adecuada mejora de las condiciones de vida de su población.

El segundo país más destacado en la materia fue Colombia, con una tasa de incremento de sus precios minoristas de sólo 1.94%, bastante inferior a la del 2012 y una de las menores de su historia.

Luego se ubicó Ecuador, cuya tasa de 2.7% resultó considerablemente inferior a la del año anterior. Le siguió nuestro país, con una de 2.86%, que, aunque supuso un incremento frente a la del 2012, se situó dentro del rango meta establecido oficialmente (de entre 1 y 3%). Chile también destacó en la materia, pese a que su tasa de 3% duplicó la del período previo.

Como se puede ver, de los 18 países de la región, 16 exhibieron tasas de sólo un dígito.

El país más grande, Brasil, aún no tiene demasiado éxito en su lucha contra el fenómeno, y lejos de reducir su tasa, la incrementó levemente. La segunda economía más grande, México, también la elevó, consolidándose como la más inflacionaria de la Alianza del Pacífico.

Los casos más graves son los de Argentina y Venezuela. En el primero, la tasa oficial, de casi nula credibilidad, supera por poco el 10%, pero la que miden entidades privadas rebasa el 25%. En Venezuela la situación es mucho más delicada, pues el dato oficial (divulgado con un sospechoso retraso) excedió el 56%, casi triplicando el del año anterior, y situándose entre los más altos del mundo. En ambos casos, los desesperados controles establecidos por los gobiernos están demostrando, tal como se preveía, muy poca eficacia para mitigar el problema, que requiere ser enfrentado, no con medidas superficiales ni cosméticas, sino con otras que restablezcan el equilibrio macroeconómico.

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