jueves, 30 de enero de 2014

El Perú en el Ranking Latinoamericano: Ingresos Tributarios 2012

La recaudación tributaria es la gran fuente de recursos de la que disponen los Estados para efectuar, mediante el gasto público, la redistribución del ingreso. A más presión tributaria (recaudación tributaria/producto bruto interno), mayor es su capacidad para emprender dicha acción. Por ello, es deseable que sea lo más elevada posible, siempre y cuando no implique una carga exagerada que desaliente a la inversión. Es, pues, necesario encontrar un adecuado equilibrio entre ambos criterios.

América Latina exhibe, según datos al año 2012, una recaudación promedio (no ponderado) de 20.7%. Aunque ese nivel implica un sostenido crecimiento respecto del obtenido en los años 1990 (13.6%) y 2000 (16.4%), aún es considerado muy bajo por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), teniendo en cuenta su condición de "región de clase media" en el mundo, y los cuantiosos recursos que necesita para llevar a cabo sus políticas públicas. Si se considera, además, que la tasa promedio de los desarrollados países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) casi duplica la latinoamericana, se puede inferir que existe un gran espacio para que esta última se incremente.

Dicho esto, conozcamos, con información proveniente del documento Estadísticas Tributarias en América Latina 2014, publicado por el referido organismo, el nivel total de ingresos tributarios de los países de la región.

Como se observa, hay notables diferencias entre los países considerados. Así, mientras que en Argentina y Brasil los ingresos del gobierno superan largamente el 30%, e inclusive se acercan al 40%, en un gran número de países se hallan en niveles iguales o inferiores al 20%. En Guatemala, por ejemplo, apenas llegan al 12.3%, y en República Dominicana a 13.5%, porcentaje muy parecido al que se estima para Venezuela.

El Perú, con un porcentaje de recaudación que equivale al 18.1% del PBI, aún se halla por debajo del promedio latinoamericano. Sin embargo, su ratio refleja una evidente recuperación frente al obtenido en los últimos tres años y una considerable mejora frente al de inicios de siglo (13.9%).

Los datos permiten ver además, a la luz de los resultados macroeconómicos y socioeconómicos paralelos, que una alta recaudación no necesariamente implica una buena situación de las finanzas públicas o en el nivel de bienestar de la población, de la misma manera que una recaudación aparentemente pequeña no necesariamente implica un deterioro en variables como las mencionadas. Brasil, por ejemplo, no ve reflejada su altísima recaudación en una tasa de crecimiento adecuada a sus requerimientos, en tanto que Argentina más bien se debate en una muy preocupante inflación. Contrariamente, Chile y el Perú, con presiones trributarias mucho menores, crecen acelerada y sostenidadamente, mantienen finanzas públicas muy sólidas y mejoran consistentemente sus indicadores sociales.

Lo señalado es muestra de que no sólo es importante captar una recaudación elevada, sino también preocuparse de que ésta sea devuelta a la economía en la forma de un gasto público eficiente.

Según la CEPAL, la recaudación en nuestra región no sólo es baja, sino también deficiente (altamente regresiva), pues se basa en impuestos indirectos (como el del valor agregado), correspondiendo sólo una parte menor a los directos (a la renta y al patrimonio). Estos últimos suelen tener, según el organismo, bajas tasas y elevados niveles de incumplimiento, además de gozar de exoneraciones y otros beneficios (como las deducciones por gastos). A ello se añaden los problemas de la evasión y la elusión. Lo mencionado minimiza el aporte de este tipo de impuestos, afectando su capacidad como vehículo de redistribución del ingreso.

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