sábado, 22 de febrero de 2014

IED: Disminuyó pero Sigue en un Nivel Importante

El aún incierto clima financiero internacional, que continuó manteniendo cautelosos los mercados internacionales de capital, retrayendo los recursos destinados a grandes proyectos, y llevando a reevaluar o postergar algunos de éstos, influyó el último año en el monto de inversión extranjera directa (IED) llegada a nuestro país.

Así lo acaba de revelar el Banco Central de Reserva (BCR) en su más reciente Nota Semanal. Según la entidad, en el cuarto trimestre del año 2013 el flujo de ésta ascendió a US$ 1,945 millones, cifra que, si bien no es desdeñable (mucho menos considerando el mencionado entorno global), es una de las más bajas de los últimos períodos.

Del referido total, US$ 1,736 millones correspondieron a reinversión (utilidades que en lugar de ser repatriadas se emplean para seguir ampliando la capacidad productiva) y US$ 304 millones a aportes y otras operaciones de capital (dinero fresco que ingresa al país). El otro rubro considerado, préstamos netos con la matriz, resultó negativo en US$ 94 millones.

De acuerdo con lo señalado, la IED llegada al país en el año totalizó US$ 10,172 millones, cifra menor en 17% a los US$ 12,240 millones del año 2012, que fue record. Del total registrado en el 2013, US$ 4,885 millones correspondieron a reinversión de utilidades, US$ 2,416 millones a aportes y otras operaciones de capital y US$ 2,871 millones a préstamos netos con la casa matriz.

Por su parte, el stock (es decir, el total acumulado) alcanzó los US$ 73,620 millones, cifra que representa el 35.6% del producto bruto interno (según el cálculo del PBI efectuado por el BCR).

Sin duda, pese a la caída en el 2013, es positivo haber mantenido un flujo anual bastante aceptable de IED, considerando que se trata de un valioso recurso que ingresa al país no para fines especulativos, sino para permanecer durante plazos largos e incrementar la capacidad productiva interna, fuente del empleo.

Y muy probablemente este año será de recuperación, a la luz de los grandes proyectos en preparación o ya en ejecución, entre los cuales se puede mencionar a las minas de Toromocho (ya operativa, pero con obras complementarias) y Las Bambas, el Gasoducto Andino del Sur, el gran Muelle Norte Multipropósito en el Callao, el muelle para contenedores de Paita (ya muy avanzado en su construcción), la segunda pista y la nueva terminal del aeropuerto Jorge Chávez (ad portas de iniciarse), el aeropuerto internacional de Chinchero (Cusco), la subterránea Línea 2 del Metro de Lima (a punto de ser adjudicada), la Vía Parque Rímac (en plena construcción), nuevas centrales y líneas de transmisión eléctricas, ampliación de redes telefónicas, de cable e Internet, etc. A ellos se añaden importantes inversiones previstas o ya en marcha en los ámbitos inmobiliario (residenciales, hoteles), industrial, agrario (el sistema de riego de Olmos), comercial (nuevos grandes malls, supermercados y tiendas de departamentos), etc.

Como se puede ver, la IED, en su legítimo afán de lograr rentabilidad, está haciendo su parte en la gran tarea de ayudar a construir infraestructura y ampliar el stock productivo del país. Dado el adecuado marco que el país le facilita en los diversos aspectos relevantes para tal fin (estabilidad macroeconómica, reglas de juego claras, trato respetuoso y no discriminatorio, etc) y considerando lo mucho que queda por hacer, es de esperar que siga adelante en tal evolución, y con montos cada vez mayores.

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