lunes, 14 de marzo de 2011

El Perú en el Ranking Latinoamericano: Porcentaje de Población Urbana 2010

Existe una muy alta correlación entre el porcentaje de población urbana y el grado de desarrollo de los países. Así lo demuestran los siguientes datos, provenientes del recientemente publicado Anuario Estadístico 2010 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Es natural que ello ocurra, pues una población urbana, al estar concentrada en áreas geográficas específicas, puede acceder con mucho más facilidad a las principales actividades económicas y a la provisión de servicios.
Dichas actividades económicas son, entre otras, la industria y el comercio, grandes generadoras de empleo. Los servicios, por su parte, son los de educación, salud, electricidad, agua, saneamiento, asistencia médica, telefonía, transporte, Internet, etc., todos los cuales resultan claves en la definición del desarrollo.

La población rural, en cambio, suele estar dispersa en una gran cantidad de pequeños poblados, a los cuales resulta casi prohibitivo llegar masivamente con los elementos mencionados en el párrafo anterior.
Por ello, se considera que el proceso de urbanización, o migración del campo a la ciudad, es consustancial al desarrollo. Es deber de los gobiernos procurar que ese inexorable fenómeno se realice de una manera ordenada, dotando a las ciudades de condiciones tales que les permitan absorber adecuadamente los flujos poblacionales.

En América Latina, son varios los países con un alto grado de población urbana, y que, por lo tanto, ya no esperan mayores flujos en la dirección señalada. Entre ellos destacan Venezuela, Argentina y Uruguay, cuyos porcentajes de población que vive en las ciudades superan el 90%.
Chile y Brasil, un poco más atrás, también tienen proporciones importantes de sus poblaciones residiendo en las urbes.

En el Perú, el 73.4% de la población es urbana. Como se sabe, dicho flujo se inició poco antes de mediados del siglo XX, prosiguió fuertemente en las décadas del 50 y 60 y se intensificó en los años 70 y 80, tanto por efecto de la grave crisis económica de la época (agravada en el campo por una reforma agraria pésimamente concebida), como del fenómeno terrorista, que provocó el éxodo del capital económico y humano de la región. Lamentablemente, en nuestro país el inexorable fenómeno migratorio tuvo un resultado indeseable, pues se tradujo en el hipercentralismo de Lima, en desmedro de otras ciudades, que no tuvieron el poder de atracción que sí tuvo la capital. Ahora se busca revertir ese proceso a través de una descentralización que promueva nuevos polos de desarrollo económico.

Como para ratificar la alta correlación mencionada al inicio de esta nota, un buen número de los países más pobres de la región ocupan los últimos lugares en cuanto al grado de urbanización. Así, vemos que en Nicaragua y Guatemala los porcentajes de población urbana no alcanzan el 60%, en tanto que en Honduras apenas llega a 50.5%. Sin duda, a esos países todavía les espera un largo recorrido en materia de flujos migratorios internos.

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