domingo, 28 de noviembre de 2010

El Perú en el Ranking Latinoamericano: Intensidad Energética del PBI 2008

Como es lógico, todos los países buscan incrementar al máximo la producción de bienes y servicios, para de esa forma generar más riqueza en la economía y mejorar el nivel de vida de sus pobladores. El problema es que ese anhelado mayor crecimiento puede implicar el consumo de crecientes cantidades de energía, lo que tiene un costo, no solo económico, sino también medioambiental.

Lo que se debe buscar, entonces, es crecer todo lo que se pueda, pero con el menor consumo posible de energía. Es decir, hacer más eficiente, en términos energéticos, la actividad productiva, con el fin de mitigar los costos mencionados en el párrafo anterior.

Dicha eficiencia se mide a través del indicador denominado Intensidad Energética del PBI, que evalúa la relación entre el consumo de energía y el producto bruto interno (PBI). Los datos que veremos a continuación, extraídos de la publicación Indicadores Ambientales 2009, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), y correspondientes al año 2008, comparan el consumo total de energía (medido en miles de barriles equivalentes de petróleo) por cada millón de dólares del PBI (a precios constantes del año 2000).
Cuanto más bajo el valor, más eficiente es la producción, por requerir un menor uso de energía.

Las cifras nos indican que en el año en referencia Uruguay fue, de lejos, el país, con la menor intensidad energética, pues por cada millón de dólares (constantes del año 2000) que produjo, empleó solo 820 barriles equivalentes de petróleo. El segundo país, Argentina, empleó 920.
Contrariamente, Guatemala empleó 2,770 barriles, Bolivia 2,830, Paraguay 2,880 y Nicaragua nada menos que 3,950.

Lo anterior permite ver que existe una cierta correlación entre el nivel de desarrollo del país y su consumo energético: a mayor desarrollo relativo, menor es el consumo requerido para generar una determinada cantidad de producción. Es decir, hay más eficiencia energética. En los países más pobres, en cambio, campea la ineficiencia, lo que hace más costosa la conversión de la energía en producción.

Sin embargo, no todo es cuestión del mayor o menor desarrollo relativo. Muestra de ello son Chile, Brasil y Venezuela, países que, pese a su buen nivel de desarrollo, exhiben un elevado consumo energético por cada unidad de producto. Ocurre que también entran a tallar otros factores, tales como la estructura del aparato productivo, la intensidad energética de cada uno de sus sectores, las tasas de impuestos a la energía, los precios, los subsidios, la oferta energética, el crecimiento de la economía, etc. Ellos pueden influir en un consumo de energía más bajo o más alto.

El Perú, felizmente, se halla entre los países con menor consumo. Aquí, para producir un millón de dólares (constantes del año 2000) se empleó 1,220 barriles equivalentes de petróleo, cantidad inferior a la de varios importantes países de la región.

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