sábado, 30 de abril de 2016

El Desarrollo y el Respeto a los Animales

El grado de desarrollo de un país no sólo se mide por sus indicadores socioeconómicos, sino también por los referidos a otros ámbitos de la vida, como la cultura, la tolerancia, el orden, el civismo, la tolerancia y el rechazo a todas las formas de violencia.



En ese último aspecto, un elemento muy decidor es el trato que se da a los animales. Y en él, la legislación juega un rol fundamental.

Nuestro país hizo muy bien al promulgar, en julio del año 2011, una ley que prohíbe el uso de animales salvajes en espectáculos públicos. Con eso, le cortó los brazos a los numerosos circos que en sus funciones incluían como atracciones estelares a leones y otros animales de ese tipo. Todos ellos eran mantenidos en crueles y estresantes condiciones de vida y sometidos a brutales golpizas (para doblegarles la voluntad y obligarles a llevar a cabo los infames actos del espectáculo), mutilaciones (para reducirles su nivel de peligrosidad) y otros abusos.

Con ese paso, además, el Perú se unió (ver aquí) a la creciente lista de países que prohíben esta terrible forma de esclavitud a nivel nacional. Aunque parezca increíble, varios de los más desarrollados aún la permiten en grandes porciones de su territorio.



La ley peruana, al haber abolido ese tipo de espectáculos, viene facilitando la intervención de entidades defensoras de los animales, que acuden presurosas a hacerse cargo de ellos.



El más notable ejemplo al respecto lo está ofreciendo, en estos precisos momentos, Animal Defenders International (ADI), una de las entidades más respetadas del mundo en la materia, que, luego de haber pasado los últimos dos años rescatando y recuperando 24 leones del Perú y 9 de Colombia (país que recién legisló al respecto el año pasado) ayer los embarcó rumbo a su continente de origen, para que, en el amplio Santuario de Grandes Felinos de Emoya (Sudáfrica), puedan por fin desarrollar la vida libre a la que tenían derecho y que hasta ahora se les había negado.



La noticia, impactante por el noble fin perseguido y la gran cantidad de animales involucrados, está en los noticieros de todo el mundo. A nuestro país, si bien le corresponde el ingrato trance de estar siendo mencionado como el lugar en que estos animales vivieron un verdadero infierno, también le cabe la satisfacción de haber ayudado a poner fin, con una legislación a la altura de los tiempos, a esa crueldad.

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