lunes, 15 de mayo de 2017

Pobreza en el Perú: Ahora en 20.7% (2da Parte)

Seguimos desarrollando el tema iniciado aquí. Habiendo hablado de la pobreza, toca referirnos a su versión más dura.

Extrema Pobreza
La Línea de Extrema Pobreza está dada por el costo de una canasta mínima que incluye exclusivamente alimentos.

Dicho costo se calculó en 176 soles mensuales para el año 2016 y en 706 soles para una familia de cuatro miembros. Quienes tienen gastos mensuales menores a tal nivel son considerados pobres extremos.

Según el INEI, el número de personas en extrema pobreza se situó el año pasado en 1 millón 197 mil, con una reducción de 70 mil frente al año 2015. Eso significa que la población nacional en esa situación pasó del 4.1% al 3.8% del total.

En el área rural, la extrema pobreza afecta al 13.2% de la población, en tanto que en el área urbana sólo lo hace con el 0.9%.

La Sierra es la región más golpeada, con el 8.3% de su población inmersa en el problema. A poca distancia le sigue la Selva, con una cifra de 6.5%, y a gran distancia la Costa, con sólo el 0.5%.

Como se observa en el cuadro adjunto, en la Sierra Rural el problema disminuyó de 16.5% a 14.9%, pero infelizmente recrudeció en la Selva Rural (de 10.9% a 12.0%) y en la Costa Rural (de 4.8% a 6.0%). En la Costa Urbana y en Lima Metropolitana prácticamente ha desaparecido.

Ambos gráficos, el de la pobreza (visto aquí) y el de la extrema pobreza, nos dicen que en el período de diez años que viene desde el 2007 la reducción ha sido notable en los dos indicadores. Así la pobreza ha disminuido en considerables 21.7 puntos porcentuales, en tanto que la extrema pobreza lo ha hecho en nada desdeñables 7.4 puntos (llevando al país a estar, con su escaso 3.8% actual, cada vez más cerca de erradicar esta muy grave falencia socioeconómica).

Como bien lo ha enfatizado el INEI, el crecimiento económico es la principal arma para enfrentar el mal. Es que de allí salen los nuevos empleos o se consolidan los ya existentes, permitiendo que los sueldos y salarios, y con ellos la capacidad adquisitiva, evolucionen hacia arriba y propicien un mayor nivel de bienestar. Lo mismo acontece a partir de miles de pequeñas y microempresas, que al mejorar sus niveles de ventas, ingresos y utilidades, permiten a una ingente cantidad de personas mejorar su nivel de vida.

A diferencia de los programas populistas de gasto social, que consumen cuantiosos recursos públicos y alivian sólo temporal y artificialmente los problemas del desempleo y la pobreza, el crecimiento basado en inversiones sanas propicia empleos estables, que perduran en el tiempo. Por eso es importantísimo que nuestro país vuelva a crecer a tasas de por lo menos 4% ó 5%, para que pueda seguir luchando con éxito contra el flagelo referido.

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