Es un gabinete armado bajo la influencia y presión del sentenciado por corrupción e izquierdista radical Vladimir Cerrón, que pone en evidencia que el presidente Castillo mintió una vez más cuando dijo que esta vez sí estructuraría uno de manera responsable y llamando a profesionales idóneos. Un gabinete en el cual el mandatario, en el afán de sumar votos congresales cerronistas que lo salven de la vacancia, no se ha hecho problemas en desechar al ministro de Salud (uno de los pocos que podían mostrar logros) para poner a un aliado de Cerrón investigado por corrupción, tal como también ha hecho en otras carteras.
Al igual que los gabinetes previos, este no genera la menor expectativa positiva ni merece mayor comentario ni análisis. Simplemente refuerza la tesis de que es necesario que Castillo deje el poder cuanto antes, por ser lo único que puede librar al Perú de la absurda situación actual.
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