miércoles, 14 de noviembre de 2018

Agua para Lima: la Solución Más Viable

Se acerca el verano, y las escasas lluvias en la sierra hacen prever una nueva restricción en el abastecimiento de agua potable para Lima.

Así lo ha hecho saber la estatal empresa SEDAPAL, según la cual el problema no sólo se debe a dicha escasez, sino también al excesivo consumo de los limeños, a quienes recomendó medirse en tal aspecto.

Y probablemente en febrero o marzo, es decir en pleno verano, el inconveniente estará dado más bien por las intensas lluvias, que provocarán huaicos que enturbiarán el agua del río Rímac y harán difícil que SEDAPAL procese adecuadamente el vital líquido, originando como consecuencia de ello la prolongación de la restricción.

La solución no está en pretender que la ciudad consuma menos, mucho menos teniendo en cuenta que es una ciudad que sigue creciendo, y en la cual muchas personas aún no disponen de agua (razón por la cual deben consumir el agua cara y de mala calidad que les ofrecen los camiones cisterna). La solución está en llevar a cabo las grandes inversiones que esta enorme metrópolis requiere, para asegurarse una provisión adecuada durante todo el año, al margen de que haya lluvias intensas o no, y al margen de que haya huaicos o no.

Urge adoptar medidas de fondo, tanto para ampliar la capacidad de almacenamiento de las actuales represas, como para asegurar que los huaicos no afecten, como lo vienen haciendo actualmente, el abastecimiento en las épocas de lluvias intensas.

Una de las más inteligentes fue la planteada a fines del siglo pasado por la empresa consultora CESEL, y a la cual nos referimos aquí. Esta sugiere emplear las aguas turbinadas de las centrales hidroeléctricas de las cuencas de los ríos Rímac y Santa Eulalia para que apenas cumplan su función generadora en ellas sean conducidas por treinta kilómetros de túneles hasta La Atarjea. De esa forma, esta planta de tratamiento dispondría de un agua limpia, mucho más fácil de potabilizar, y los huaicos dejarían de ser motivo de preocupación para diez millones de habitantes de esta gran ciudad. Además, ello permitiría construir tres pequeñas hidroeléctricas, con una potencia total de casi 60 megawatts, y abastecer a la planta de tratamiento de agua potable de Huachipa, que desde su construcción en el año 2011 no puede operar a plena capacidad debido a insuficiente disponibilidad de agua.

Lamentablemente, esta fundamental propuesta, que demandaría una inversión de US$ 200 millones, no recibe la atención debida, y SEDAPAL, que aún tiene sin agua a cientos de miles de limeños, continúa apelando a restricciones, en lugar de tomar medidas de fondo. La solución está en ampliar la oferta, y no en intentar contener la demanda. Para esto último no hay mejor medida que establecer una tarifa que refleje el costo real del servicio y que como tal desincentive el derroche.

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