El BCR, al igual que los otros bancos de su tipo, efectúa su manejo monetario tratando de mantener delicados equilibrios en materia de precios, de crecimiento de la producción y de movimiento de capitales en el sector externo.

Luego, a través de los créditos de corto plazo que otorga a las entidades financieras, induce a que el costo del dinero se acerque al nivel señalado.
Si bien es deseable mantener sin variaciones la tasa, para que los agentes económicos tengan una señal clara de estabilidad en materia del costo del dinero, en ocasiones se hace imperativo modificarla ligeramente, con el fin de contribuir a que la economía enfrente con éxito situaciones adversas. Así, cuando ésta muestra indicios de enfriamiento, el banco central suele reducir la tasa, en tanto que cuando muestra signos de recalentamiento (reflejados en una creciente inflación), más bien la incrementa.
Esta vez, teniendo en cuenta que la inflación se ha moderado considerablemente (a tal punto que la anual ya regresó al rango meta de entre 1% y 3%), ha decidido apuntalar un poco la alicaída actividad productiva, con una disminución razonable, que no implica mayor distorsión en la actividad económica ni envía señales inadecuadas a los agentes económicos.
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